domingo, 8 de enero de 2017

El crimen de Álvaro Bustos


Hace un tiempo hablé en este blog sobre el caso del exorcismo de Almansa. Hoy lo haré, tras haber leído una mención en un número antiguo de la revista Más Allá, sobre el caso de Álvaro Bustos, que también mató a un pariente muy cercano (en este caso, su padre) movido por motivos demoníacos.

Álvaro Bustos gozó de fama en los 70 en España, ya que había formado parte (por la información que he consultado, fue el fundador) del grupo musical Trébol, que tuvo temas conocidos como "Carmen" o "Pajarillo".



Sin embargo, el grupo no tuvo una trayectoria larga, disolviéndose apenas a los 5 años de existencia. Pasado un tiempo, ya en la década de los 80, Bustos era lo que se podría llamar un juguete roto. Se aficionó a temas relacionados con la hechicería y se le diagnosticó psicosis paranoide crónica.

El 4 de enero de 1987, Bustos cometió un crimen que deshizo la buena imagen que pudo haber conseguido con Trébol, ya que asesinó a su padre como si fuera un vampiro, intentando que saliera un supuesto demonio de él.

Álvaro vivía por aquel entonces con su padre, Manuel, que tenía 70 años y que era catedrático de violín del Conservatorio Superior de música de Córdoba (del cual llegó a ser director), y de la Real Academia. Vivían juntos en una casa de dos plantas, viviendo Álvaro en la planta superior y su padre en la baja.

Aquel día decidió Álvaro acabar con un supuesto demonio que vivía en el cuerpo de su padre. Para ello, quitó la madera que servía para sujetar las cortinas de su cuarto, y la afiló para que tuviera un final puntiagudo.

Una vez afilado de aquella forma, entró en el cuarto de su padre, al cual sorprendió tirando sal en el suelo, para luego descolgar los espejos y ponerlos boca abajo, para proceder a su ritual.

Una vez colocadas las cosas así en la habitación, utilizó la madera como estaca (untada con ajo y sal por lo que se dijo en su momento), tras 20 minutos de forcejeo, y se la clavó a su padre en el pecho, el cual murió instantáneamente.

Tras cometer dicho crimen, Álvaro estuvo durante 24 horas junto al cadáver, según él, para evitar que "el demonio se reencarnara". Tras la espera, se dirigió con el cadáver en su coche a la sierra de Córdoba para quemarlo y esparcir sus cenizas por el Guadalquivir, pero la presencia de un guardia le hizo desistir.

Volvió a la ciudad, y tras vigilar su coche, se entregó a la policía (en aquel momento, sus familiares estaban alertados por la desaparición de su padre)

En el juicio por el asesinato cometido, sus abogados pidieron su absolución por problemas mentales (la psicosis nombrada varios párrafos arriba) y Álvaro declaró que aunque lloró la muerte de su padre, había hecho un bien al librar a la humanidad de Satanás.

Finalmente, Álvaro fue absuelto, pero fue ingresado en un centro especializado para personas con problemas mentales.
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Fuentes: eldiadecordoba.es, manuelcarballal.blogspot.com

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